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ELIF SHAFAK del profe

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Luis Bernardo Yepes
Acerca de Elif Shafak

La isla del árbol perdido, de Elif Shafak

 
Por: Luis Bernardo Yepes Osorio
 
Los siguiente epígrafes y frases, les permitirá a los lectores y potenciales lectores de la novela LA ISLA DEL ÁRBOL PERDIDO, dar un repaso a los hechos cruciales que se dan en la novela en el meridiano de esta. La autora es ELIF SHAFAK, una novelista, ensayista y oradora turco-británica. Ella en su narrativa suele combinar aspectos culturales orientales y occidentales. En esta novela que hoy les presentamos en Lectores 10 mediante resaltados, se explora la dura historia de Chipre poniendo en primer plano un par de historias de amor prohibido entre griegos y turcos habitantes de la isla de Chipre en plena guerra.  
 
“Quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta. De aquellas tierras, de aquel barro, de aquel silencio, he salido yo a andar, a cantar por el
mundo.”
PABLO NERUDA,
Confieso que he vivido
 
“Será con sangre: dicen que la sangre llama a la sangre. Se ha sabido de piedras
que se mueven, y de árboles que hablaron...”
WILLIAM SHAKESPEARE,
Macbeth
“He estado pensando que eres mi país. ¿Es raro que diga eso? Sin ti, no tengo hogar en este mundo; soy un árbol caído con las raíces cercenadas a mi alrededor; me puedes derribar con el roce de un dedo. Volveré pronto, no permitiré que esto vuelva a pasar. Y quizá la próxima vez, algún día, iremos juntos a Inglaterra, ¿quién sabe? Por favor, piensa en mí todos los días, estaré de vuelta antes de que te des cuenta.
Te quiero.
KOSTAS”
“No te enamoras en mitad de una guerra civil, cuando te asedian las masacres y el odio por todas partes. Huyes, tan rápido como tus piernas puedan cargar con tus miedos, buscando la más básica de las supervivencias y nada más. Con alas prestadas subes al cielo y te elevas hacia la lejanía. Y si no te puedes ir, entonces buscas refugio, encuentras un lugar seguro donde encerrarte en ti mismo porque ahora que todo lo demás ha fracasado, todas las negociaciones diplomáticas y consultas políticas, sabes que solo queda el ojo por ojo, diente por diente, y no estás seguro en ninguna parte fuera de tu propia tribu.
El amor es la afirmación descarada de la esperanza. No te abrazas a la esperanza cuando la muerte y la destrucción están al mando. No te pones tu mejor vestido y te prendes una flor en el pelo cuando te rodean ruinas y cascotes. No entregas tu corazón en un momento en que se supone que los corazones tienen que permanecer sellados, sobre todo para los que no creen en tu religión, ni hablan tu idioma, ni son de tu sangre. No te enamoras en Chipre en el verano de 1974.
No allí, no en aquel momento. Y sin embargo, allí estaban los dos.”
 
 
“Lo que intento decir es que eres joven, y los jóvenes son impacientes. No pueden esperar a que terminen las clases y empiece su vida. Pues déjame que te cuente un secreto: ¡ya ha empezado! Esto es la vida. Aburrimiento, frustración, intentar librarse de las cosas, desear algo mejor. Ir a otro instituto no cambiará las cosas. Así que sería mejor que te quedases. ¿Qué pasa? ¿Tus compañeros te lo están haciendo pasar mal?
Ada tamborileó con los dedos en la mesa para mantenerlos ocupados.”
 
“Mi generación estropeó las cosas. Tu generación tiene suerte. No os tenéis que despertar un día con una frontera delante de vuestra casa o preocuparos por si a vuestro padre lo asesinan a tiros en la calle solo por su etnia o religión. Cómo me gustaría tener tu edad ahora.
Ada seguía mirándose las manos.”
“Donde hay guerra y divisiones dolorosas, no habrá ganadores, ni humanos ni de otro tipo.”
 
“Parece una isla pequeña, pero cuando estás buscando a un desaparecido, hasta el lugar más pequeño se vuelve extremadamente grande.”
 
“Miles de personas desaparecieron bajo Pinochet. En vuelos secretos repletos de prisioneros sobre el océano Pacífico y los lagos; eran torturados, drogados, muchos aún vivos. Les ataban rieles de ferrocarril a las víctimas, las arrojaban al agua desde helicópteros Puma. Los oficiales siempre lo negaron, pero hubo un informe del ejército que decía que habían «escondido» los cadáveres en el océano.”
 
“—No estoy de acuerdo —dijo Defne, y bebió de su copa de vino—. Hay
momentos en la vida en que todo el mundo tiene que convertirse en algún tipo de guerrero. Si eres poeta, luchas con tus palabras; si eres artista, luchas con tus cuadros... Pero no puedes decir: «Lo siento, soy poeta, paso». No dices eso cuando hay tanto sufrimiento, desigualdad, injusticia.”
 
“Lo que hacemos aquí no tiene nada que ver con la política o con el poder. Nuestro trabajo tiene que ver con el dolor. Y con el recuerdo. Y a las mujeres se nos dan mejor ambas cosas que a los hombres.
—Los hombres también recuerdan —dijo Kostas—. Y los hombres también sienten dolor.
—¿De verdad? —Al notar su voz entrecortada, lo miró a la cara—. Quizá tengas razón. Pero, por lo general, los hombres que se quedan viudos vuelven a casarse antes que las mujeres en esa misma situación. Las mujeres guardan luto, los hombres sustituyen.”
 
“Esa mujer ha hablado de un niño, Yusuf Yiorgos. En esta isla, es impensable que un niño lleve un nombre griego y uno turco. Imposible. A menos que fueras tú la que diera a luz a ese bebé...
Defne apartó la mirada, aunque solo un segundo.”
 
 
“Porque en la vida real, a diferencia de los libros de historia, las historias nos llegan no en su integridad, sino en trocitos y pedazos, segmentos rotos y ecos parciales; una frase completa aquí, un fragmento allí, una pista oculta en medio. En la vida, a diferencia de los libros, tenemos que tejer nuestras historias con hilos tan finos como las venas sutiles que recorren las alas de una mariposa.”
 
“A los loros les pasa igual que a los seres humanos:
sucumben a la melancolía, pierden toda la alegría y la esperanza, cada día les parece más insoportable que el anterior.”
 
“Ada nació a principios de diciembre, sietemesina. Tenía los pulmones débiles y hubo de pasar varias semanas en la incubadora. Mientras, al pequeño arbolito no le estaba yendo mucho mejor en su enfrentamiento con el nuevo clima.”
 
“En aquella biblioteca era donde pasaba el ratón la mayor parte de sus días, royendo las páginas y dejando las marcas de sus dientes en decenas de tomos forrados de cuero. Mordisqueó los veinticuatro volúmenes de la Enciclopedia Británica, saboreó la encuadernación de bocací color vino con sus letras doradas en el lomo.
También devoró los clásicos: Sócrates, Platón, Homero, Aristóteles...;
Historias, de Heródoto; Antígona, de Sófocles; Lisístrata, de Aristófanes.”
 
“La guerra es una cosa terrible. Todas las guerras. Pero las guerras civiles quizá sean las peores, cuando los antiguos vecinos se convierten en enemigos nuevos.”
“—Tu madre te quería muchísimo, más que a nada en el mundo. Su muerte no tuvo nada que ver con la falta de amor. Ella florecía y prosperaba con tu amor, y me gustaría creer que también con el mío, pero, por debajo, algo la estrangulaba: el pasado, los recuerdos, las raíces.”
 
“—Iré a la isla —dijo Ada, con un tono nuevo—. Solo quiero conocer a
isleños, como yo.”